Nuevos propósitos.

Ha comenzado el nuevo año y con este los propósitos de cambio, algunos relacionados con la salud, otros con los malos hábitos adquiridos y los que más, aquellos que tienen algo que ver con el estudio. Llegan las buenas intenciones de estudiar un idioma, de esforzarnos en sacar la asignatura que tanto “odiamos”, de alcanzar la nota que necesitamos para estudiar la carrera que tanto deseamos,… No obstante, con todas estas renovadas intenciones llega, hoy en día, otra de las tantas preguntas que muchos me han hecho; ¿por qué y para qué estudiar?.

Lo útil es saber qué, dónde, cómo y cuándo podemos poner en práctica nuestros conocimientos.

Lo útil es saber qué, dónde, cómo y cuándo podemos poner en práctica nuestros conocimientos.

En efecto, en la sociedad actual y con los tiempos que corren, en más de una ocasión la pregunta estrella es el por qué y para qué estudiar. Cierto es que el estudio requiere de un exigente esfuerzo diario, pues no en todo momento se tienen las ganas ni el ánimo necesarios para este.

Lo más importante para hacer algo que requiere de un esfuerzo añadido, es decir, algo que cuesta día a día y que requiere de un tiempo añadido para ello, es tener motivos para hacerlo.

Comenzar diciendo que estudiar por no disgustar a los demás, evitar algún castigo, alcanzar un premio o por no poder hacer nada en el momento en el que nos encontramos, no son motivo alguno y no dan respuesta a ninguna de las aspiraciones que pueda tener una persona inquieta y exigente consigo misma. En contraposición, los motivos que nos predisponen al estudio son los de conocernos más y mejor a nosotros mismos, aspirar a la profesión que se desea, tener las armas adecuadas para poder dar respuesta a aquello que despierta nuestra curiosidad, formarse o ser y sentirse útil a los demás tanto en el campo profesional como en la sociedad.

No obstante, decir que es posible desarrollar y mejorar los motivos para el estudio, pues tan sólo tenemos que encontrar aquello que nos interesa y hacerlo crecer en nuestro conocimiento. La verdad es que si uno se lo propone, aquella asignatura que nos resulta un “muermo” puede llegar a interesarnos y más aún si cabe, puede que en ella encontremos nuestro objetivo profesional.

A continuación, propongo algunas pautas a seguir para alcanzar la motivación en el estudio:

  • Marcarnos pequeñas metas cada día y comprobar, luego, si las hemos alcanzado.
  • Relacionar el contenido de la asignatura con aspectos u actividades del día a día.
  • Comentar aspectos o conceptos de las materias con compañeros que posean interés por la misma, e incluso con el profesor.
  • Proponernos y realizar trabajos en equipo.
  • Programarnos preguntas para tratar de responderlas a medida que vayamos adquiriendo nuevos conocimientos.
  • Marcarnos un estudio activo, es decir, reflexionar, subrayar, consultar la documentación que consideremos oportuna, ampliar nuestro conocimiento con fuentes alternativas,..

En realidad, con estas pautas lo que se pretende es despertar tanto el interés como la motivación para que la acción de estudiar tenga sentido y además, resulte atrayente y amena.

Ahora, mi pregunta es…¿has encontrado tu interés para alcanzar la motivación necesaria?.

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