“Vendo olor, vendo olor”

El 8, del presente mes, fue un día importante para Málaga y ello me brindó la oportunidad de dar respuesta a un nuevo reto, pues al ver a un biznaguero pasear por la alameda me asaltó la duda: ¿cuál es el origen de la biznaga?.

Un biznaguero al canto de "vendo olor, vendo olor".

Un biznaguero al canto de “vendo olor, vendo olor”.

Decir que, aunque era de suponer, la biznaga es una herencia que nos dejaron los árabes y que con el paso del tiempo se ha ido convirtiendo en una seña de identidad de la ciudad malagueña. Los árabes, en la búsqueda de la arquitectura perfecta, encontraron la que sería la flor de las flores, donde su cúpula de aromas daría lugar a la forma absoluta de un perfume natural hecho realidad.

Con respecto al cómo se elabora la biznaga, recalcar que es una composición hecha con jazmines ensartados uno a uno, mediante una laboriosa manipulación, en un armazón de una flor seca, la de la zanahoria silvestre, normalmente, la cual ha sido recolectada en primavera y a la que, tras ser secada, se le han quitado las hojas y ramas sobrantes, dejando sólo una estructura en forma de sombrilla.

Al atardecer, en verano, se recogen los jazmines, cuando aún están cerrados, ya que así es más fácil introducirlos y manipularlos en las pequeñas ramas secas. Unas horas más tarde llega la magia, pues se abren los jazmines, formando la famosa biznaga malagueña.

Son muchas las historias contadas que han llegado a mis oídos, pero tan sólo en una han coincidido todos los lugareños. Cuentan que fue un regalo de un arquitecto a su amada, pues este quería entregarle la cúpula perfecta del aroma y, la encontró. Aunque no se sabe muy bien si en sus inicios los jazmines estaban ensartados en zig-zag en un alfiler, el cual era prendido en la ropa de la mujer, y de esta manera el aroma a jazmín le acompañara en sus quehaceres diarios hasta la llegada de la noche, donde este encontraría un nuevo lugar, la mesita del dormitorio, y así terminar con su esencia en la noche. Ya con el tiempo, sería un preciado regalo y por ello apareció la figura del “biznaguero” quien con el traje típico, una penca en la mano (lugar donde clavaba un puñado de biznagas), al pie de la Alcazaba y al canto de “Vendo olor, vendo olor”.., dejaba las calles impregnadas de la tan característica esencia a jazmín para llamar la atención de todos y poder vender su preciado tesoro.

No sé cuánto de cierto puede tener dicha historia, pero resulta curiosa a la vez que romántica y además, los más ancianos conocedores de historias entrañables malagueñas, han coincidido en esta.

¿Regalarás la cúpula de arquitectura perfecta de la flor de las flores?.

Y por último, tan sólo me queda dedicar dicho post a mi mujer que como buena malagueña que es, pues aquí le dejo mi biznaga especial y .., “aunque su aroma no le pueda llegar, para siempre esta la tendrá”.Biznaga malagueña

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