Sólo me gusta refitolear y …

A cierta edad, un lugar en un pequeño banco de la plaza lo es todo y es que a la espera del paso del tiempo, se une el conocimiento de aquellos que lo viven. Digo esto porque, mientras era observado y siendo este recíproco, entablé conversación con uno de estos ancianos. Tras las presentaciones de cortesía y algún que otro intercambio de palabras sobre temas del día a día e historias que el buen hombre quiso compartir conmigo, no me pude contener y le pregunté: ¿Podría decirme el porqué a cierta edad comenzamos a sentarnos en el banco de cualquier plaza o esquina, como esperando a que pase el tiempo?bancoparque

El anciano, con cierto brillo en los ojos, me miró sorprendido y, al mismo tiempo, agradecido por estar ahí sentado con él. Tras compartir cierto silencio, me contestó – No espero el paso del tiempo ni que éste me quiera llevar en silencio. Sólo me gusta refitolear y aprender de ello -.

“Sólo me gusta refitolear y aprender de ello”.

¿Refitolear? La verdad es que me quedé con la duda de si lo que me había dicho era bueno o malo y por ello, tras despedirme del buen hombre y tener cierta idea de lo que podría significar dicha palabra, la busqué en el diccionario: Refitolear. 1. Curiosear y entremeterse en cosas de poca importancia.

Ahora, tan sólo me quedaba conocer el origen de dicha palabra y para ello, se lo pregunté al anciano que resultó ser el cura, ya retirado, del barrio.

Su origen deriva de las funciones que llevaba a cabo el fraile encargado de cuidar o vigilar el refectorio, nombre que recibe la sala donde los religiosos se reúnen para comer en los monasterios, es decir, las de curiosear e ir entremetiéndose en cosas de escasa importancia. El refitorero, que era como se le conocía a este fraile, y debido a las funciones que desempeñaba, ir curioseando qué era lo que hacían o cuchicheando los religiosos que por allí anduviesen, todo ello para mantener el orden y respeto en la sala, fue lo que dio origen a esta palabra”.

Lo cierto es que …,el paso del tiempo y, en ocasiones, su silencio, deja caer casi en el olvido ciertas palabras. No obstante, los más ancianos no olvidan e intentan conservar el valor que estas tuvieron. Por ello, hoy, me siento con ellos en ese banco de la plaza o de cualquier esquina y en cualquier ciudad para simplemente “refitolear y aprender de ello”.

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