¿Por qué no somos capaces de oír nuestro latido?.

Sin lugar a dudas, no existe nada más bonito que el poder escuchar los latidos producidos por el corazón de un ser querido. Hablo de ese momento mágico en el que acercamos nuestro oído al pecho de otra persona y somos capaces de oírlo con nitidez, pero…¿por qué sí podemos oír con claridad el que está en otra persona y, sin embargo, el nuestro no?

Photo cardiac ultrasound. Fotografía perteneciente a la galería de pixabay.

Es una deliciosa armonía que, como si del tic-tac de un reloj de cuerda se tratase, marca el comienzo de una vida y cuando este se apaga, una dolorosa despedida. Todos deseamos poder oírlo y con nuestros brazos rodear el pequeño cuerpo que lo alberga, poder acompañar su ritmo durante un largo tiempo y enseñarle a sentir todo lo que de padres a hijos y de hijos a padres se ha ido dejando como legado. No obstante, ¿por qué no podemos oír nuestra propia armonía?

¿Y si te digo que el culpable es nuestro cerebro? Nuestro cerebro se encarga de enviar una señal a nuestro sistema auditivo para que quede anulada dicha armonía y “sólo para no volverse loco”. El objetivo es poder procesar toda la información recibida a través nuestros sentidos y evitar cualquier interferencia sonora que moleste o distraiga dicho proceso, pues esta es vital para nuestra supervivencia. Por cierto, lo que hace es “bajar el volumen”, de aproximadamente, unos cien mil latidos diarios, unos setenta latidos por minuto.

Nuestro cerebro, a medida que se desarrolla, aprende a ignorar de forma automática todo aquello que pueda interferir su percepción de lo que sucede fuera y es que, sólo así, puede estar atento a nuestro entorno y además, ser capaz de reducir nuestros niveles de ansiedad.

Pero nuestro cerebro no siempre puede ignorar el tic-tac armónico del corazón y es que existen situaciones donde podemos escucharlo y sentirlo. Una de ellas es durante la noche, concretamente al apoyar la cabeza en la almohada, instante que nuestro oído aprovecha para aumentar su volumen e hipnotizarse con su latido. Y la otra…, cuando estamos tensos o tras un sobreesfuerzo, momento en el que nuestro cerebro no lo puede ignorar y es que al detectar la aceleración de sus latidos, sospecha que se encuentra ante una situación de peligro y quita el bloqueo auditivo para que esta pueda ser atendida.

Y tu, ¿qué tic-tac deseas oír y abrazar?

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