¿A qué huelen los años?

La huella dactilar nos distingue, nos hace únicos,… ¿y nuestro olor?¿nos hace únicos? En determinadas ocasiones, un olor marca un instante y un recuerdo que no borra ni tan siquiera el paso del tiempo, pero… ¿es distinto con el paso del tiempo?¿los olores cumplen años?

Galería de fotos pixabay.

Estamos bombardeados, a diario, por todo tipo de olores, nuevos y extraños, pero cada uno de ellos está marcado con una información que no siempre es importante. El tiempo marca la diferencia y nuestro cerebro comienza a filtrar aquellos olores que considera habituales, es decir, los considera como información inútil, motivo este por el que no podemos oler nuestro propio olor corporal. No obstante, cada año tiene su olor y este, en un primer instante, es inexistente.

Cuando sudamos, nuestro cuerpo lo que pretende es refrescarse y de ahí que este no huela, aunque no siempre es así. Los bebés no necesitan desodorante para enmascarar olores desagradables y es que siempre huelen bien, motivo por el que, entre otros tantos, siempre nos los “comemos a besos”.

El problema del olor surge con la pubertad, pues no sólo está presente la secreción ecrina (la cual es prácticamente agua y es utilizada para refrescar) y es que las glándula apocrinas comienzan a entrar en juego, la cual situada en ingles y axilas comienza a generar un desagradable aroma al mezclarse con las bacterias de la piel. Por cierto, dicho olor también es capaz de delatar qué tipo de dieta sigue cada persona y su aroma, dependiendo de qué alimentos, persistir hasta pasadas las veinticuatro horas tras ser ingeridos.

A medida que pasan los años y dejando muy atrás la pubertad, comenzamos a entrar en esa edad donde la madurez marca no tan sólo nuestra forma de pensar y el como nos expresamos, también cambia nuestro olor corporal. ¿A qué es debido? Con los años aumenta la descomposición de ácidos grasos y con este, la producción de ácido palmitoleico y peróxidos lípidos, que combinados con las bacterias de la piel dan lugar al olor característico de dicha edad.

Nuestra epidermis desprende cientos de sustancias químicas, compuestos orgánicos volátiles que, en su mayoría, desprenden una determinada fragancia y esta va en aumento desde nuestra infancia (en este caso, inexistente) pasando por la pubertad y hasta llegar a la madurez. No obstante, a los ochenta años, aproximadamente, comienza un punto de inflexión y es que regresamos a los niveles de la infancia, es decir, volvemos a ser niños y con ello, volver a revivir nuestros primeros años de infancia, como si de un regalo o capricho se tratase, una oportunidad que la naturaleza brinda a nuestros seres más queridos para devolver el cariño, fuerza y dedicación que en su tiempo invirtieron en nosotros. La vida está llena de oportunidades y esta es una de ellas, ¿te apuntas?

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