De lápiz a diamante.

¿Y si te digo que un lápiz puede ser el principio de un diamante? Lo cierto es que no en su totalidad, me refiero a la mina que este tiene y es que, casi con total seguridad, este podría ser el sueño de cualquier mina de lápiz, si pudiesen soñar claro.

Galería de pixabay (Elisa Rivas).

Cada elemento de la tabla periódica esconde un secreto, algunos muy apreciados y otros, se tienen que conformar con ser el “patito feo”, pues la naturaleza y su capricho le hicieron distinguirse no sólo por su belleza sino también en su uso. Por cierto, con lo del “patito feo” me refiero al grafito y la joya de la corona, nunca mejor dicho, es el diamante. ¿A qué es debido este capricho de la naturaleza?¿puede “el patito feo” llegar a ser diamante y viceversa?

Imagina que construimos una pared de ladrillos y estos los vamos colocando de canto, esta pared es menos resistente que si colocamos los ladrillos, uno encima del otro, por los lados planos. Pues bien, esto es lo que ocurre con los elementos que según se agrupen pueden dar lugar a sustancias que en apariencia son completamente distintas y, además, poseer propiedades físicas totalmente opuestas, aún siendo las químicas totalmente idénticas.

Ahora, en vez de ladrillos vamos a hablar del carbono y de sus formas alotrópicas, es decir, de las variedades puras del elemento. Y es que tanto el grafito como el diamante están formados por carbono, o sea, son dos formas del mismo elemento.

¿Qué diferencia al diamante del grafito?¿a qué es debida la gran dureza del diamante? En el grafito, los átomos de carbono ocupan los vértices de un hexágono (muy parecido a las celdillas de un panal de abejas) y, en cambio, los átomos de carbono en el diamante se sitúan en el centro de un tetraedro en cuyos cuatro vértices se hallan los átomos vecinos unidos a el. Por ello, en el diamante, podemos apreciar que la distribución de las valencias o uniones están simétricamente orientadas en el espacio y gracias a ello, da lugar a su gran dureza. En consecuencia, en el grafito, ocurre lo contrario, pues al cristalizar adopta una forma laminar debido a que la distribución de las valencias o uniones no están simétricamente orientadas.

Lo más curioso es que para convertir el diamante en grafito es bastante sencillo y eso a pesar de su gran dureza, pues basta con tan sólo calentarlo a 1800 ºC. Pero…, ¿y el grafito puede este “patito feo” ser un diamante? Lo cierto es que al contrario es algo más complejo, pues no solo entra en juego la temperatura (1093 ºC) sino que también las altas presiones a las que debe ser sometido (13000 atmósferas).

No obstante, lo que el ser humano intenta recrear en el laboratorio la naturaleza lo lleva a cabo en unas condiciones que pueden llegar a durar millones, e incluso, billones de años. En este caso, el laboratorio donde tiene lugar en la naturaleza se llama capa litosférica, ubicada esta entre los 150 a 200 kilómetros bajo la superficie y donde las condiciones son extremas, es decir, temperaturas entre los 900 ºC y 1300 ºC y presiones de 30 kilobares.

Lo cierto es que todos nos podemos considerar un lápiz, es decir, el principio de un diamante y es que tan sólo la presión del día a día y sus adversidades nos van moldeando. Ahora tan solo me toca decir eso de no seas el diamante que pasa a ser grafito, pues este paso aunque pueda parecer más sencillo, depende de nosotros. ¿Vas encaminado hacia tu diamante?

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